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Paisajes urbanos

Los primeros egabrenses se asentarían por motivos de defensa en la loma que hoy ocupa la Villa Vieja, después el núcleo urbano se desparramó de forma anárquica por el barrio de Cerro del Señor San Juan y el barrio del Albaicín, que conformaron el recinto amurallado y con epicentro en la Plaza Mayor, hoy conocida como Plaza Vieja, desde donde partía los caminos hacia Córdoba, Lucena, Priego, Baena etc.
  Posteriormente el pueblo se expande hacia el este, tomando como ejes los caminos de Baena y de Priego y lo hace bastante ordenadamente ya que sus calles mantienen la dirección oeste-este o su perpendiculares norte-sur, que ha dado como resultado el trazado viario bastante regular que todos conocemos y cuyos límites llegaban hasta la Calle Santo Cristo por el sur, hasta la inmediaciones de la ermita de Santa Ana por el oeste y el arroyo de la Tejera por el norte.
  A lo largo del siglo XIX se producen una serie de cambios estructurales que influyeron en el desarrollo social y urbanístico de Cabra. La construcción de «El Paseo» y el traslado del Ayuntamiento del barrio de la Villa al convento de San Martín, hace que la Plaza Vieja deje de ser el epicentro urbano desplazándose hacia el este los centros político, de esparcimiento y económico de nuestro pueblo. La construcción de la estación de ferrocarril y de la carretera de acceso a la mísma, crearon las bases para que en los años 60 del siglo pasado el casco urbano egabrense se expandiese hacia el este con la creación del barrio de Gargallo (barriada Virgen de la Sierra) a un kilómetro de los "reores", distancia que ha desaparecido debido a la expansión urbanística de las últimas décadas que han cubierto todas la zona que antes ocupaba las huertas en nuevos barrios desde la Villa hasta la Fuente del Rio.
  A esta parte de nuestra página la hemos denominado como paisaje urbano e intentamos, a través de las fotografías aportadas, que el visitante de ella, se haga una idea bastante clara de la riqueza urbana de la que ha gozado nuestro pueblo y de la que aún goza, a pesar de las barbaridades urbanística que se han hecho sobre todo en el último cuarto del siglo pasado y primeros del presente, donde se han sustituido magníficas casas solariegas por monótonas colmenas.